
Teletrabajo, tendencias residenciales y nuevas oportunidades de vivienda
Desde hace algo más de un año, el modelo laboral en nuestro país ha cambiado radicalmente. De un día para otro, millones de trabajadores tuvieron que convertir sus casas en improvisados despachos y oficinas. Hasta entonces, las personas que trabajaban a distancia no llegaban al 5%, pero a raíz del confinamiento se dispararon hasta el 34%. Y no sólo hemos asistido a un cambio de paradigma en lo laboral como consecuencia de la pandemia, sino que también han cambiado las prioridades de lo que le pedimos a una residencia y la forma en la que nos relacionamos con nuestras viviendas.
¿Desde dónde teletrabajar?
La deslocalización laboral ha derivado en diferentes corrientes. Por un lado, la de aquellos trabajadores que buscan una vivienda que, aunque alejada del centro de la ciudad, disponga de más espacio, luminosidad, acceso al exterior y a zonas verdes. Por otro, la de los profesionales que pueden llevar a cabo su trabajo desde cualquier lugar, los conocidos como nómadas digitales, y que deciden trasladarse a países como el nuestro o como nuestros vecinos mediterráneos, que ofrecen una mejor calidad de vida.
Movimientos hacia la periferia y las zonas rurales
La ubicación, junto con el precio, es uno de los principales factores que tenemos en cuenta a la hora de adquirir un inmueble. Sin embargo, con la potenciación del teletrabajo, se buscan viviendas localizadas en un medio amable, con buenos servicios, espacios abiertos y con más habitaciones que permitan separar el trabajo de la vida personal y familiar. De esta forma, los centros de las ciudades empiezan a perder atractivo frente a la periferia, donde es posible adquirir un inmueble a un precio mucho menor por metro cuadrado. Según el portal Idealista, comprar una vivienda en un pueblo puede suponer hasta un 52% de ahorro del inmueble. De esta forma, no es de extrañar que ante el nuevo paradigma del teletrabajo, las búsquedas de viviendas capitales hayan pasado del 44,1% al 38,8%.
Estos movimientos hacia las afueras o hacia municipios periféricos suponen una oportunidad para pequeños y medianos promotores que de normal no pueden afrontar los elevados precios del suelo en los núcleos urbanos para llevar a cabo nuevas construcciones. También lo es para la creación de viviendas más habitables, ya que como explica José Álvarez, CEO en Synesi: “muchas de las promociones que se han hecho en los últimos años no tenían escala humana. Apenas hay espacio para tener una familia y guardar una bicicleta.
Es importante recuperar esa escala humana. Y eso es algo que se debería empezar a dar en las nuevas promociones en las afueras, donde el suelo es más barato y puedes permitirte el lujo de hacer una promoción rentable y más habitable”. La pregunta es, ¿se optará por ello o se continuará con la tendencia de más inmuebles y menos espacio? Carlos Álvarez, CEO de Synesi, también asegura que es ahí donde va a residir la diferencia entre unos promotores y otros, “entre los que se arriesguen a aprovechar el terreno y edificabilidad para crear viviendas más eficientes, económicamente hablando, frente a los que apuesten por una mayor calidad de vida. Y el beneficio será relativo porque el que apueste por algo más habitable venderá antes que el que apueste por una vivienda más pequeña con idea de sacar más beneficio”.
Teletrabajar desde un país con buena calidad de vida.
Al no necesitar la cercanía de la oficina, no sólo se están dando desplazamientos hacia las afueras, la periferia y las zonas rurales. También se observa una creciente tendencia a instalarse en países que ofrecen una mejor calidad de vida: clima agradable, buena gastronomía, seguridad ciudadana y precios de vivienda asequibles. Según el Expat City Ranking, cuatro de las mejores ciudades del mundo para vivir e instalar una oficina en casa, son españolas: Valencia, Alicante, Málaga y Madrid. José Álvarez encuentra que, “salvando las distancias, la situación actual puede encontrar similitudes con la historia de Sillicon Valley, que se empezó a llenar de gente a la que le ofrecían buenos trabajos en Nueva York y que los aceptaban pero con la condición de hacerlos desde California”. En ese sentido, en zonas como Andalucía, con sus temperaturas, su entorno y calidad de vida, “tenemos una oportunidad de oro para atraer profesionales extranjeros”.
Todavía es pronto para pensar en cómo van ser el tipo de inversiones que se adoptarán para los profesionales temporales que pasen por nuestro país. Sin embargo, empiezan a repuntar tendencias como el build to rent que facilitan a los trabajadores poder probar a vivir de alquiler en una ciudad antes de mudarse definitivamente a la misma. Es algo que normalmente se estaba haciendo en edificios de altura, pero con el incremento del teletrabajo puede virar hacia urbanizaciones con instalaciones más orientadas a familias y que no estén necesariamente céntricas y cercanas al puesto de trabajo. También el mercado inmobiliario durante el verano presenta un amplio abanico de posibilidades que se abren con el teletrabajo: descanso y vacaciones aseguradas, inversión que puede generar rentabilidad futura y buenas oportunidades para la negociación.
Otras formas de habitar viviendas y ciudades
Durante el último año hemos podido comprobar que las viviendas que habitamos en el centro de las grandes ciudades no son viviendas pensadas para trabajar en ellas. Corren nuevos tiempos, también nuevas tendencias urbanísticas. Aparte de los desplazamientos a las zonas rurales o a municipios en la periferia, se ha puesto el foco en la creación de proyectos residenciales innovadores, como aquellos que buscan albergar dentro de las propias urbanizaciones zonas de ocio, deporte y entretenimiento, pero también espacios comunes de trabajo, al estilo de lo que ya impulsaron en su día los coworkings.
Otros proyectos para mejorar la relación de los habitantes, en este caso, con la ciudad, es el que París llevaba trazando un tiempo para reducir la contaminación y mejorar la calidad de vida de los habitantes, y que ha terminado por implementarse definitivamente con la llegada del coronavirus. Se trata del conocido como “la ciudad de los 15 minutos”. La propuesta dibuja un concepto de ciudad contrario a la planificación urbana de los últimos 100 años, que separaba el espacio residencial del trabajo, el comercio minorista, la industria y el entretenimiento. Este nuevo modelo, en cambio, propone que cada ciudadano pueda acceder fácilmente y a pocos minutos andando o en bicicleta, a las seis funciones sociales urbanas esenciales, que son habitar, trabajar, aprovisionarse, cuidarse, aprender y descansar.
Esto mismo, no sólo puede aplicarse a las grandes ciudades, sino que para pueblos y ciudades pequeñas supone una magnífica oportunidad para dotarse de todos los servicios necesarios y descentrificar así nuestro día a día. Si tomamos como ejemplo este último año, veremos que ha quedado más que demostrado que, en lo que respecta a lo laboral, la deslocalización laboral de muchos sectores sí es posible.
Ventajas e inconvenientes del teletrabajo: hacia dónde nos dirijimos
Ante toda esta situación, resulta inevitable que surja una duda: ¿de verdad el teletrabajo ha llegado para quedarse? Según José Álvarez, “si leemos los estudios que se han llevado a cabo al respecto, la conclusión es que, en verdad no tenemos ni idea. Probablemente no sea ni lo uno ni lo otro, ni teletrabajo total ni regreso a la oficina como antes, sino un modelo mixto”. Por supuesto, el aprovechar de una forma u otra lo mejor de cada formato, dependerá también del momento laboral en el que se encuentre cada trabajador, de su edad, experiencia, nivel de responsabilidad y cualificación, y de sus necesidades.
Algunas de las ventajas del teletrabajo parecen obvias, como la reducción de los costes fijos de la empresa y de los personales, al evitar desplazamientos y comidas, o una mejor conciliación de la vida laboral y personal. Sin embargo, todavía existe cierta controversia sobre si el teletrabajo tiene más ventajas o inconvenientes, y deberá pasar un tiempo antes de que se puedan medir resultados reales para valorar el beneficio o perjuicio de su implantación, junto con una correcta legislación que lo regule.





Aún no hay comentarios, ¡añada su voz abajo!