CIUDADES POST COVID

Hace más de veinte años que el premio Pritzker Eduardo Souto de Moura ponía en relación el concepto de tiempo con la arquitectura y aseguraba que “el tiempo produce usos no previstos porque no se puede predecir la vida.” Desde hace algo más de un año que así ha sido en todos los espacios urbanos, sobre todo en los grandes núcleos de población donde parece que el COVID ha sido todavía menos amable. Ciudades como Wuhan, Milán, Madrid o Nueva York han sido especialmente golpeadas por la pandemia, lo que ha avivado un debate ya clásico dentro del urbanismo sobre qué modelo de ciudad es el adecuado y cómo deberían repensarse las ciudades post-covid.

Ciudades compactas vs ciudades dispersas

CIUDADES SYNESI

Si nos detenemos a hacer una comparativa entre ambos modelos veremos que ambos cuentan con ventajas e inconvenientes. El modelo disperso resulta especialmente atractivo a raíz de la pandemia: baja densidad residencial y menor uso del transporte público –lo que, a priori, llevaría a pensar en menos posibilidades de contagio–, viviendas más espaciosas y mayor cantidad de zonas verdes. En el otro lado del debate, el desarrollo compacto de las ciudades podría ser percibido con un mayor riesgo epidemiológico, algo que muchos estudiosos del sector se han esforzado en rebatir. Algunos de los beneficios que destacan de este modelo es la provisión de infraestructura básica, saneamiento, acceso a comodidades y servicios, así como menores emisiones de carbono, aspecto también fundamental para la salud de los ciudadanos. También destacan que, al contar con una infraestructura sanitaria más especializada, la capacidad de enfrentarse a una pandemia es superior, pese a que el riesgo de contagio pueda parecer más alto. De hecho, según los datos que arrojan algunos estudios recientes, el impacto del virus ha tenido más que ver con el tamaño de la población que con su densidad. También entrarían en juego aquí otros factores estructurales de las sociedades para entender las dinámicas de contagio como el tipo de ocupación laboral, las necesidades de desplazamiento, el acceso a espacios abiertos o, algo que ya se pudo observar en pandemias anteriores: el nivel adquisitivo.

Nivel adquisitivo y pandemia

Cuando se habla de repensar el modelo compacto de ciudad, son muchas las voces que apuntan a que no solo haría falta detenerse en ampliar los parques urbanos, los balcones e incluir espacios abiertos en los diseños de los edificios. Aseguran que también habría que observar los resultados de los análisis hechos hasta ahora en ciudades como Nueva York o Madrid y que señalan la necesidad de un modelo más equitativo. Según algunos informes, las zonas con mayores índices de mortalidad se dan en barrios con menor acceso a zonas de recreo, menores posibilidades de teletrabajo y menores niveles de ingresos. Sin embargo, otras voces dentro del sector afirman que no existe una correlación directa entre zonas de mayor nivel de pobreza y mayor incidencia del virus, tanto en niveles de mortalidad como de contagio. Sostienen, en cambio, que son aquellas regiones con más sanitarios y hospitales las que menos mortalidad han sufrido, así como las zonas con un sistema de salud descentralizado y autónomo, y con gobiernos eficaces e instituciones de calidad. Y señalan también el papel que han jugado factores de carácter medioambiental, como la temperatura o la humedad.

Cómo el COVID ha cambiado las ciudades

Desde que la pandemia llegó a nuestras vidas, nos hemos acostumbrado a nuevos elementos en el entorno urbano como mamparas divisorias, mesas separadas o indicadores fluorescentes en los suelos que delimitan las distancias. Otros cambios se enfocan más en los materiales de construcción o en la forma de movilidad urbana. También se han reformado aeropuertos, universidades y lugares de trabajo, para acomodarlos a un futuro incierto. Muchas de estas modificaciones urbanas serán solo coyunturales, pero otras están sentando las bases de las nuevas ciudades post-covid.

Algunas de las cicatrices que dejará la pandemia serán a nivel micro-geográfico y tienen que ver con la baja demanda del uso de oficinas –propiciada por el teletrabajo– o con el nuevo uso del suelo urbano por la pérdida de comercio en las calles –lo que Richard Florida denomina “el apocalipsis de las calles mayores”, consecuencia directa del comercio online–. Otras, con la forma de entender la ciudad de forma global. Capitales de todo el mundo ya exploran y fusionan diversas alternativas, como supermanzanas, ciudades sin coches o ciudades más inteligentes, con mayor vigilancia y capacidad de previsión ante futuras epidemias.

Algunas urbes como Milán, Oakland, Nueva York, Londres o Bogotá, han optado por ampliar el espacio para peatones y los carriles bici en el espacio urbano. París, bajo el mandato de la alcaldesa Anne Hidalgo, ha puesto en marcha un proyecto en el ya llevaban tiempo trabajando: la conocida como “ciudad de los 15 minutos”, que persigue el acceso rápido a servicios, ocio y trabajo en todos los barrios de la ciudad sin necesidad de usar el coche.

El urbanismo después de ésta y otras pandemias

INTERIOR CIUDADES COVID

Según la arquitecta Beatriz Colomina, “la arquitectura moderna tiene más que ver con la defensa de la salud que con cualquier otra cosa». La evolución de las ciudades desde principios de siglo XX ha tenido en cuenta las ideas de médicos y enfermeras para pensar urbes sanas y con menores riesgos de propagación de enfermedades. Colomina señala cómo la obsesión con la tuberculosis provocó cambios en la forma de edificar y habitar, y condujo a la creación de espacios más higiénicos. «La enfermedad es lo que modernizó la arquitectura, no sólo los nuevos materiales y tecnologías», explica la arquitecta española.

Algunas de las primeras leyes urbanísticas nacieron en el siglo XIX durante la Revolución Industrial para controlar las enfermedades infecciosas. Medidas como el aumento del tamaño de las viviendas, la ventilación o la luz del sol, surgieron impulsadas por el miedo a las enfermedades. Y es que después de cada episodio de pandemia, la sociedad se ha rehecho y repensado para combatir las dificultades sanitarias de una forma más eficaz desde los núcleos de población. Cincuenta años después de la peste negra, que acabó con un tercio de la población mundial, nació el Renacimiento y con él el empeño por hacer de las urbes espacios más salubres. Ciudades como Londres o París incorporaron el alcantarillado, así como mejores sistemas sanitarios.

 

Andrés Rodríguez-Pose, catedrático de Economía Geográfica en la London School of Economics, sostiene que “la pandemia es un evento terrible que nadie se esperaba, pero aun con todo su impacto negativo, ofrece oportunidades para repensar nuestras ciudades, nuestras regiones y la relación entre ellas”. Después de que la pandemia haya dejado al descubierto las vulnerabilidades de megaciudades globalizadas, los arquitectos pasan a tener un papel esencial en los nuevos enfoques hacia los que dirigirnos porque, tal y como enunció el arquitecto danés Bjarke Ingels “la arquitectura es una de las manifestaciones más protagónicas en esta transformación del planeta”.

FUENTES:  

Eldiario.es: https://bit.ly/3ggmkmj

Executive Excellence: https://bit.ly/2T4eDaO

Euronews: https://bit.ly/3gjAhjc

Saez Sánchez Arquitectos: https://bit.ly/3zbdBKD

OECD: https://bit.ly/3cly063

The Conservation: https://bit.ly/3x8mouS

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