viviendas intergeneracionales

En 1996 la Conferencia de las Naciones Unidas aprobó el programa Hábitat. Su fin era construir, a través de la arquitectura, una sociedad en la que jóvenes y mayores pudieran ver cumplidas sus necesidades tanto habitacionales como sociales. El proyecto incluía una serie de objetivos, compromisos y principios que llegaron en forma de diferentes modelos de convivencia intergeneracional para facilitar una red de apoyo y cuidados. Repasamos algunas de las iniciativas arquitectónicas más reconocidas a lo largo de estos veintisiete años y los logros obtenidos en términos de integración, cohesión intergeneracional y colaboración.

Rápido envejecimiento de la población y el papel de la arquitectura

Los programas de alojamiento intergeneracionales surgen para dar respuesta a dos problemas cada vez más acuciantes. Por un lado, el de esa soledad no escogida que afecta a gran número de personas mayores. Y por otro, las dificultades de acceso a la vivienda que enfrenta la juventud. La emancipación residencial de los jóvenes en Europa está asistiendo a un retraso cada vez mayor. De hecho, España es el país con mayor número de jóvenes entre 25 y 34 años que todavía viven con sus padres por no poder asumir el precio de una vivienda.

Estas dos problemáticas se unen en una misma ecuación que busca, desde hace casi dos décadas, encontrar una solución conjunta para ambas. Es así como nacen las llamadas viviendas intergeneracionales, y también como una tercera vía para las personas mayores que les permita evitar tanto las desventajas de vivir solas como las residencias en las que únicamente se convive con otras personas mayores.

Los resultados de estas experiencias demuestran numerosos beneficios: las personas mayores mejoran su estado de salud gracias a la red de apoyo mutuo y reducen sus gastos. Por su parte, las personas jóvenes se benefician de la convivencia intergeneracional y al mismo tiempo sus condiciones de vivienda mejoran. Desde un punto de vista social y económico, estos programas también contribuyen a reducir el uso de servicios especializado y de demanda de servicios de salud, disminuyen la precariedad juvenil y la crisis de acceso a la vivienda, y mejoran la cohesión social.

El nacimiento de los programas de viviendas intergeneracionales.

intergeneracional

Los programas de alojamiento intergeneracionales surgen para dar respuesta a dos problemas cada vez más acuciantes. Por un lado, el de esa soledad no escogida que afecta a gran número de personas mayores. Y por otro, las dificultades de acceso a la vivienda que enfrenta la juventud. La emancipación residencial de los jóvenes en Europa está asistiendo a un retraso cada vez mayor. De hecho, España es el país con mayor número de jóvenes entre 25 y 34 años que todavía viven con sus padres por no poder asumir el precio de una vivienda.

Estas dos problemáticas se unen en una misma ecuación que busca, desde hace casi dos décadas, encontrar una solución conjunta para ambas. Es así como nacen las llamadas viviendas intergeneracionales, y también como una tercera vía para las personas mayores que les permita evitar tanto las desventajas de vivir solas como las residencias en las que únicamente se convive con otras personas mayores.

Los resultados de estas experiencias demuestran numerosos beneficios: las personas mayores mejoran su estado de salud gracias a la red de apoyo mutuo y reducen sus gastos. Por su parte, las personas jóvenes se benefician de la convivencia intergeneracional y al mismo tiempo sus condiciones de vivienda mejoran. Desde un punto de vista social y económico, estos programas también contribuyen a reducir el uso de servicios especializado y de demanda de servicios de salud, disminuyen la precariedad juvenil y la crisis de acceso a la vivienda, y mejoran la cohesión social.

Diferentes modelos de convivencia entre generaciones

Cohabitación intergeneracional

España fue pionero en Europa en implantar este modelo hace más de veinticinco años. Una persona joven, a menudo estudiante de universidad, pasa a residir en casa de una persona mayor durante el curso académico. Así se logra promover el intercambio, la compañía y la ayuda mutua.

Residencias intergeneracionales

Diferentes generaciones se unen en un mismo edificio, comparten espacios comunes y, de forma puntual, se ayudan unas a otras. Es el caso de viviendas de mayores integradas en residencias de estudiantes o de alojamientos para jóvenes en residencias destinadas a la tercera edad.

Cohousing, alojamiento autogestionado o vivienda colaborativa intergeneracional

Consiste en un grupo de apartamentos privados completos que cuentan con lugares y servicios comunes (patios, avenidas, espacios verdes). Se organiza mediante un sistema de colaboración y organización interna horizontal y busca ofrecer a quienes los habitan un entorno de apoyo mutuo y actividades comunitarias.

Viviendas sociales intergeneracionales

Iniciativas públicas destinadas a paliar necesidades de vivienda de colectivos sociales muy diversos: personas mayores solas, familias monoparentales, personas jóvenes o con bajos ingresos.

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Plaza de América: un caso de éxito de vivienda intergeneracional

Cabe preguntarse si es posible que un proyecto de viviendas de verdad sea capaz de poner fin a la soledad de la tercera edad. El caso de Plaza de América, en Alicante, parece confirmar que sí. En noviembre de 2008, la ciudad invirtió 12 millones de euros en la creación de 72 viviendas en un edificio de Plaza de América. 56 de esos alquileres fueron destinados a personas mayores de 65 años y 16 a jóvenes de 18 y 35 años. Ese porcentaje reservado para jóvenes suponía un compromiso de prestación de servicios en la comunidad: cuatro horas semanales de servicios dependiendo de la formación de cada uno. Así, se han facilitado desde su creación sesiones de fisioterapia, podología, animación sociocultural o enseñanza de diferentes disciplinas. Este “banco del tiempo” supone para los jóvenes un abaratamiento del precio de la vivienda y genera un ambiente de solidaridad, aprendizaje y convivencia que en 2010 le valió a Plaza de América el premio de la Asociación Española de Promotores Públicos de Vivienda y Suelo y en 2012, el reconocimiento por ONU Hábitat como una de las 12 soluciones innovadoras de vivienda a nivel mundial dentro del World Habitat Awards.

Desde Plaza de América están “orgullosos de tener la primera comunidad intergeneracional de España y ser un referente de la arquitectura social a nivel internacional y un modelo a seguir de convivencia solidaria entre jóvenes y mayores”. A nivel europeo, algunas de las experiencias más interesantes de viviendas intergeneracionales las encontramos en Francia, con la Ville Génerations Saint Apollinaire, en Dijon, o en Béliga con Collectif Logement en Molenbeek. Dinamarca es otro de los países más punteros en arquitectura intergeneracional: este año comienzan en Copenhague las obras de Future Sølund, un complejo con más de 360 viviendas intergeneracionales, zonas comunes y servicios en 37.000 metros cuadrados que espera servir de inspiración a otras ciudades occidentales para hacer frente a la grave epidemia de soledad que asola países como España.

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