
La pandemia y las restricciones han sacado a la luz las grandes carencias de nuestras viviendas. En paralelo, la crisis climática está empujando desde hace tiempo a repensar cómo ha de ser la arquitectura y la construcción del futuro. La respuesta es casi unánime y habla de un urgente y necesario cambio hacia la sostenibilidad. Tras varios años de un proceso de adaptación a la Directiva Europea, España por fin cuenta con una legislación que aborda la construcción de Edificios de Energía Casi Nulo (EECN). Con la reciente entrada en vigor de la última modificación del Código Técnico de la Edificación (CTE), se ha buscado reenfocar el sector hacia la eficiencia energética de los edificios y hacia una mayor salud, confort y seguridad de los usuarios. Todo esto se suma al aumento de horas que con el teletrabajo y las restricciones hemos pasado dentro de casa, y que ha terminado de dar impulso a una tendencia arquitectónica cada vez más en auge. ¿El resultado? Las casas pasivas están de moda.
Qué es Passivhaus
La casa pasiva o Passivhaus nace en 1988 de la mano de Bo Adamson, profesor sueco de la Universidad de Lund, y del físico alemán Wolfgang Feist. La idea de partida respondía a la búsqueda de una construcción que redujera al máximo la energía necesaria para su climatización y lograra, al mismo tiempo, mantener un ambiente y una temperatura constantes y confortables durante todo el año optimizando los recursos existentes. Con el tiempo, este concepto se transformaría en lo que hoy es: un sistema de estandarización regulado por el Passivhaus Institut de Alemania.
Pero, ¿cuál es la característica principal de una Passivhaus? A diferencia de otras edificaciones, las casas pasivas utilizan fuentes de energía sin procesos artificiales para transformarla, de forma similar a como ocurre en las casas que cuentan con paneles solares instalados. Así, en una Passivhaus nada se enciende o se apaga, sino que las instalaciones, perfectamente integradas con la vivienda, actúan en función de las necesidades.
Ventajas de una casa pasiva
Una Passivhaus es una casa ideada para que en su interior se den las condiciones atmosféricas ideales mediante sistemas más saludables, confortables –en cuanto a temperatura, humedad y concentración de C02 y otros patógenos– y que además permite un ahorro energético de entre el 60% y 90%.
Características en la construcción de una Passivhaus
Para que se produzcan esas condiciones, hay que tener en cuenta unos estrictos criterios de construcción.
- Excelente aislamiento térmico.
- Ausencia de puentes térmicos.
- Carpinterías de altas prestaciones (triple acristalamiento, baja transmitancia y correcta instalación).
- Ventilación mecánica con recuperación de calor.
- Hermeticidad del aire.
La inversión y rentabilidad de una Passivhaus
La inversión inicial en una casa pasiva es algo mayor que en una vivienda convencional, con un sobrecoste estimado de un 5%. Esta diferencia puede alcanzar hasta un 15% en aquellas Passivhaus del segmento inmobiliario prime, y dependerá de otros factores como los acabados elegidos, el diseño o la ubicación. Sin embargo, el retorno de la inversión es rápido y considerable si tenemos en cuenta los siguientes aspectos:
- El inmueble puede alcanzar una revalorización de hasta un 20% en viviendas que cumplan con el estándar Passivhaus.
- Amortización a medio plazo por el ahorro energético, algo que se acelera todavía más con el teletrabajo. Pensemos, por ejemplo, en que la media anual de gasto en calefacción en una casa de 120 m² se sitúa en 1.500 Euros, algo que, sin embargo, en una casa pasiva se reduce hasta los 150 Euros, es decir, un 90% menos.
- Los gastos de funcionamiento están protegidos contra las fluctuaciones de precios del mercado de la energía.
Certificado Passivhaus
Cualquier nueva construcción, o incluso una rehabilitación, puede edificarse según los estándares Passivhaus. Sus estrictos criterios de ventilación, estanqueidad, aislamiento y reducción del consumo de energía, hacen que se trate de un estándar muy exigente y que conseguir la certificación no sea tarea fácil. El Passivhaus Institut es el encargado de acreditar si un edificio cumple con los niveles técnicos necesarios para ser considerado como casa pasiva. Sin embargo, a pesar de las exigencias, su empeño por la búsqueda de la salud –y más en tiempos de pandemia– así como por el cuidado del medioambiente, están aupando a las casas pasivas a ser el ejemplo de camino a seguir para la construcción del futuro.
Passivhaus en España
Durante los dos últimos años se han duplicado en España los proyectos Passivhaus. El primer proyecto certificado en nuestro país se logró en 2010. Ocho años más tarde, contábamos con ochenta. Actualmente, según la Plataforma de Edificación Passivhaus, una asociación sin ánimo de lucro que promueve los edificios pasivos, son 169 proyectos certificados los que disponen de este sello en todo el territorio nacional.
Algunas de las empresas de referencia españolas en este tipo de construcción son JO Arquitectura (Valencia), Medgón (Palencia), B+HAUS (Zaragoza) o Farhaus (Barcelona). Una de las incorporaciones más recientes es el caso de dos viviendas en Donostia dentro de un edificio rehabilitado de 1910 y que acaban de hacerse con el certificado Passivhaus. Si nos fijamos en estos datos de crecimiento, así como en el boom de casas industrializadas y sostenibles fuera de nuestro territorio, y que incluso cuentan con el apoyo financiero de grandes gigantes como Amazon, todo parece señalar que las casas pasivas van a continuar con esa tendencia al alza y a convertirse en la forma de construcción del futuro.
Desde nuestro punto de vista, el crecimiento de la vivienda Passivhaus va a buen ritmo. Existe, cada vez más, mayor atracción por productos que cuidan del medio ambiente, permitan ahorro energético, y en definitiva, sean más saludables, aunque ese producto final sea una vivienda. Aunque cabe matizar que queda camino por recorrer, ya que al promotor le queda mercado que explotar.






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